Las comidas en casa, no sé cómo comerán vuestros peques, pero el mío, no es que sea muy amigo de la cuchara y el tenedor.

Desde que el pequeño Lucas empezó a tomar alimentos, entró un sufrir en mi dulce hogar. Lo de la cuchara me costó horrores, no le gustaba nada, lo único que quería era su bibi pero de leche, nada de cereales ni purés camuflados en el sagrado botecito. Suplicaba su leche a grito pelao. Lo intentamos de todas las maneras posibles, pero nada. A los 11 meses el bendito decidió que era su momento. Eso sí, horas me pasaba para que comiera un ridículo bol de puré.

Ahora ya a punto de cumplir los 5, tampoco penséis que la cosa ha mejorado mucho. A su favor diré que la verdura le encanta, le gusta toda y no hace ascos a ninguna, sobre todo en purés, sopas y cremas. El pescado le fascina, el pollo obviamente como a casi todos los niños también, las salsas de momento han sido desterradas, una pizquita de tomate con la pasta y ya, pero la fruta… eso ya es otro cantar. La odia, ni verla vamos. Esos si no penséis que es un tema tabú, yo se la ofrezco, que se la coma ya es otro cantar.

En mi caso, suelo hacer purés de fruta porque como no la quiere comer, de esta manera y a la fuerza (y sí, soy culpable, a la fuerza con premeditación y alevosía) intento que coma un par de cucharadas al volver del cole. Que por cierto, yo que se las preparo con todo el amor del mundo, sacando minutos de donde no tengo, el otro día a la pregunta cuya respuesta ya sabía, os pongo en situación, “cariño quieres pera”, va y me sorprende con “no, pero la he comido en el cole y estaba rica” y yo con la cara encendida, casi echando fuego a punto de llamar a los bomberos, le digo “Qué! Pero si en casa ni la pruebaaaaaaaas” “ya, pero es que aquí no quiero, en el cole me gustó una vez”. Lo único que me quedó de consuelo de esas palabras grabadas a fuego en mi memoria, fueron “una vez”.

La verdad es que como veis no hago mucha cantidad. Es un tarro pequeñito, porque como sólo consigo que coma 4 cucharadas y con chantaje, pues el resto como se puede imaginar me lo como yo.

En este tarrito pongo:

  • Medio plátano
  • ¼ de manzana.
  • 1 cucharada sopera de leche de avena.
  • 1 cucharada  de agua mineral.

Tarrito de fruta

Así y con todo, va comiendo, en el percentil según el pediatra está bajo peso. Eso sí, de alto se sale, pero como dice mi buen amigo el doctor, mejor que estén así a que estén obesos. No es que me agrade, pero me queda algo de consuelo.

En mi casa no somos muy estrictos con la comida, bueno hasta que vi un documental en mi querido Netflix, el famoso “what the health”. Que yo ya era un poco exquisita con la comida, pero desde que vi esto hace dos meses, el tema comida lo he terminado de rematar, y es que tengo imágenes grabadas en la cabeza que dudo que se me olviden. Si no habéis visto el documental, leed bien estas palabras: n o-l o-v e a s. Te arruina la vida, piensas, ¿y ahora qué como?. ¿Qué le doy a mis hijos?

Bueno en mi caso y dado que yo ya era especialita con la comida, no me ha costado pasar a una dieta vegetal. Bueno semi vegetal porque claro, como buena extremeña el queso no lo puedo dejar, y los huevos pues tampoco. El caso es que he tratado de moderar el consumo de ciertos alimentos, por ejemplo, la leche, la mía es vegetal, de avena, arroz, soja menos por lo de que está genéticamente modificada. La de Lucas, de vaca ecológica y semi. Pero en las comidas que lo precisan le pongo la vegetal. El pollo, que antes en casa sí que consumíamos pues prácticamente nada, una vez a la semana para el peque y pechuguita de corral. Ternera y el resto de carnes cero. Y pescado pues lo mismo, lo compro en las pescaderías de toda la vida de confianza y obviamente al congelador y también 1 vez a la semana.

La verdad es que lo llevamos bastante bien, porque como además en el cole, menos carne roja come de todo, y aunque sea poca cantidad, me puedo permitir hacer platos vegetales a la hora de la cena. Puede parecer aburrido, pero me he hecho con un libro de recetas vegetarianas y veganas bastante fáciles y rápidas.

Ayer para comer, hicimos hamburguesas de arroz y espinacas. Como el peque estaba malito en casa aprovechamos para hacerlo juntos. Pero tengo que reconocer que se cansa enseguida, nada de ese estilo de familias idílicas cocinando juntos y partidos de la risa con las cucharas de madera en mano. Enseguida se cansa y se va a jugar con sus coches o se trae un libro para pintar en lo que yo termino.

Hamburguesitas de espinacas y arroz

Hamburguesitas de espinacas y arroz:

  • 150 g de espinacas previamente hervidas.
  • 250 g de arroz. (el normal)
  • 1 puñado de nueces peladas y machacadas.
  • 1 huevo batido.
  • Pan rallado.
  • Una cucharita de aceite en la sartén.

La receta original lleva también: 1 diente de ajo picado, salsa de soja, 1 cucharadita de perejil picado, media cebolla picada y orégano.

Hacemos como una tortita pequeñita con las espinacas, las nueces y el arroz.

La pasamos por el huevo, el pan y a la sartén. Como los ingredientes ya están cocinados se hacen enseguida. Ya veréis que en nada se empiezan a dorar y por fuera quedan crujientes y apetecibles.

Una receta super rápida y de sabor muy suave y rica.

En casa, la hora de la cena es muy importante, porque damos por finalizado el día, y además es la única comida que hacemos juntos, al menos Lukis y yo porque el husband la mayoría de las veces está viajando o trabajando fuera y cuando viene es muy tarde. Aunque a veces nos sorprende y algún día conseguimos estar los 3 juntos. El caso es que le doy cierta importancia a estas últimas horas del día porque no es solo ese momento en el que comemos es todo lo que lo rodea. El ratito en la tarde en el que yo estoy preparando y él, aunque sea está a mi lado dibujando, o mientras se cocinan los alimentos practicamos el Reading para el día siguiente, o simplemente me cuenta fantásticas y mágicas historias inventadas, hablamos de los juegos del cole y si ha tenido algún problemilla, pues intentamos solucionarlo.

En fin, que se podría decir que cuando cae la tarde, es nuestro momento especial.